En el alegre pueblo de Villa Alegría, los niños jugaban sin parar. Pero a veces, ¡no todos eran justos! Si alguien tenía una pelota nueva, quizás no la compartía. Si había un último trozo de pastel, a veces el más rápido se lo comía.
Un día, la maestra Luna, que siempre tenía ideas geniales, dijo: "Niños, ¡vamos a buscar un tesoro! Pero solo lo encontraremos si somos justos".
Mateo, Sofía y Pablo hicieron un equipo. La primera pista los llevó a un árbol gigante. Mateo, que era muy fuerte, quiso trepar solo. Pero Sofía le recordó: "¡Mateo, no es justo! La maestra dijo que debíamos trabajar juntos". Así que los tres se ayudaron y encontraron la siguiente pista.
Esta pista los guio a un río. Pablo, que era muy rápido, quiso cruzar saltando solo. Pero Sofía volvió a decir: "¡Pablo, no es justo! Si tú te adelantas y nosotras nos caemos, ¿qué haremos? ¡Ayudémonos!" Los tres se dieron la mano y cruzaron seguros.
Al otro lado, hallaron un cofre. Emocionados, lo abrieron. Dentro no había oro, ¡sino una nota! Decía: "El verdadero tesoro de Villa Alegría es la Justicia. Cuando eres justo, compartes, ayudas y tratas a los demás con respeto, ¡el corazón de todos se llena de alegría!".
Mateo, Sofía y Pablo entendieron. Desde ese día, se esforzaron por ser más justos en todo. Compartían sus juguetes, se ayudaban con las tareas y se escuchaban unos a otros. Y así, Villa Alegría se convirtió en el pueblo más feliz, porque la justicia era su mayor tesoro.